lunes, 10 de noviembre de 2008

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Este texto es un documento de trabajo de la exposición, comisariada por Peter Weibel & Bruno Latour, difundido antes de su realización en marzo de 2005 en el ZKM de Karlsruhe, Alemania.


Haciendo públicas las cosas. Un parlamento de parlamentos: cómo superar la crisis de representación. “La democracia”, en famoso dicho de Winston Churchill, “es la peor forma de gobierno, excepto para todos los demás”. Naturalmente, sería mucho mejor si, ordinarios ciudadanos miopes que somos, dejáramos nuestras vidas al cuidado de nuestros superiores y mayores. Pero esos vigilantes superlúcidos parecen haber desaparecido en la confusión del siglo pasado, junto al sueño de una casta superior, una vanguardia superior, una ciencia de la historia superior.
Recientemente, incluso la confianza en la invisible mano benevolente de las sobrehumanamente sabias fuerzas del mercado ha disminuido un tanto. Por supuesto que sería mucho más cómodo si pudiésemos seguir confiando nuestra biología, nuestra ecología, nuestra industria, nuestros ordenadores, nuestra economía y nuestra política a científicos e ingenieros que saben más y ven más allá. Pero las ciencias que eran parte de la solución se han convertido, una tras otra, en parte del problema. Los objetos de la ciencia y la tecnología se han hecho tan polémicos y se han entremezclado tanto, que la delegación de poder en los expertos no parece ser mucho más sencilla que la vieja delegación de poder en los miembros del parlamento. Esto se ha diagnosticado como la “crisis de representación”. Y ¿adónde nos lleva eso? De ahora en adelante, los ciegos van a guiar a los ciegos.Bien. Al menos, nos hemos librado de los escenarios de pesadilla fabricados para nosotros por los sabelotodo. Pero tenemos que ser guiados; tenemos que llegar a una especie de acuerdo sobre situaciones polémicas. A pesar de que la crisis de representación está en todas partes, en la ciencia, en la ley, en la ética, en el arte, en la política, de alguna manera hay que superarla. La democracia debe extenderse, parece ser, a cosas de la ciencia y tecnología, a pesar de que resultará ser políticamente espantoso; aunque, una vez más, menos espantoso que todos los demás. Se ha hecho necesario otro acuerdo constitucional, siempre y cuando extendamos de algún modo la noción de lo que suele entenderse por Constitución.
Las cuestiones clásicas de la política solían resolverse mediante teorías de la representación, lo que condujo finalmente a la institución del Parlamento como hortus sublimus de la Constitución. Deseamos extender la búsqueda de soluciones incluyendo muchas otras tecnologías de representación, simulación, delegación, manipulación, influencia y selección. La dinámica de la ciencia no puede concebirse sin política, ni la dinámica de la política sin ciencia. Lo social, lo científico, lo tecnológico, lo teórico y lo práctico se entremezclan. Queremos hacer una exposición en la que la política, la ciencia y la tecnología exploren un nuevo futuro basado en un diagnóstico de prácticas actuales e iluminado por la perspectiva de la historia material.

De ahí el formato de esta exposición que se propone: permitir que la comparación se haga no al grandioso nivel de las teorías de la representación en la ciencia, la política y el arte, sino por la humilde puerta trasera del cómo la representación colectiva de las cosas se hace posible en la práctica. Por ejemplo, la invención de máquinas de votar nos interesará más que la sublime “voluntad general” de Rousseau; el árbol de palabras africano más que la extensión del Estado de Derecho; las técnicas escolásticas de discusión más que la cuestión de la religión en general; la representación gráfica de datos en 3D que tienen algunos instrumentos científicos modernos más que la cuestión de saber si la ciencia ofrece una representación fiel del mundo o no.
En la política, no nos interesará todo el debate sobre la democracia representativa, sino sólo la intersección de esos debates con la cuestión de llevar al espacio público las cuestiones técnicas que hay que discutir, y en qué condiciones son capaces de cambiar su modo de pensar los partidos, lobbies, partisanos o grupos de interés especial.
En el ámbito de la ciencia, lo que nos interesa no es toda la cuestión epistemológica de representación e instrumentalización acertada, sino sólo las innovaciones que permiten que un espacio de datos de diversos tipos llame la atención de otros apostadores menos expertos (como en la denominada “ciencia performativa”).
En el campo del arte, no nos interesa otra crítica más de la representación —que ya ha sido el tema de otra exposición del ZKM llamada Iconoclash: http://www.ensmp.fr/~latour/expositions/001_iconoclash.html—, sino inventar nuevos procedimientos, formas, perfiles y lugares para dramatizar el espacio público, para que, literalmente, los re-presente de nuevo.
En cuestiones de economía, no nos interesa la crítica del capitalismo y del «reino de la mercancía», sino cómo diversas innovaciones en los campos de la contabilidad, planificación, planes de negocios, banca, votación de presupuestos, etc. podrían provocar un cambio pequeño pero importante en la expresión variada de las preferencias de la gente respecto a los “mundos ejemplares”.
En cuanto al derecho, no nos interesa toda la historia de las Constituciones, sino sólo los aspectos legales que se cruzan con las cuestiones planteadas por el nuevo espacio público que se refieren tanto a cosas como a personas. ¿Cómo se les da voz a los sin voz, cuáles son los límites y posibles extensiones de la noción de ciudadanía?
En el campo de la religión, no nos interesa la grandiosa cuestión de la secularización y los fundamentalismos, sino cómo se han encontrado soluciones prácticas para hacer de las religiones algo comparable, discutible, para hacer que cohabiten.
En el ámbito de los media, y especialmente de Internet, no nos interesa revisar todos los sueños de la ciberpolítica, sino las innovaciones concretas —asiduos de la web, sitios web, presentaciones visuales, hipervínculos— que proporcionan nuevas ideas para dotar a los agentes de nuevas competencias dentro del “ciberespacio compartido”.

Esta exposición va a mezclar tres géneros diferentes que jamás han cohabitado: El primero de ellos es una Exposición algo clásica sobre la historia y antropología de los mecanismos inventados para hacer las cosas públicamente visibles y explicables. Naturalmente, haremos cuanto podamos por proponer a los visitantes muchos lugares no tan conocidos. Pero incluso al volver a visitar lugares tradicionales —como el ágora ateniense, la “Cosa” islandesa, el Palazzo della Ragione de Padua, el nuevo Reichstag de Berlín, la Real Academia de la Ciencia, las Colecciones de Curiosidades del s. XVII, el piso bajo de la Bolsa o el protocolo de Tokio, etc. —, siempre trataremos de recalcar las nuevas interpretaciones y revisiones de la historia que se han hecho a esos topoï.
El segundo género es una Feria, accesible —tras cierta selección— a todas las instituciones, activistas, profesores, partidos políticos, artistas que tuviesen el deseo de presentar, no tanto sus opiniones sobre temas controvertidos, sino los mecanismos prácticos que han imaginado para tratar de resolverlos. Los grupos seleccionados podrán, mediante sesiones de carteles, cabinas, instalaciones y experimentos, crear un vasto espacio comparativo que permita que la cuestión de la democracia sea abordada por medio de su práctica más humilde y básica. (No hace falta que estén todos físicamente presentes en Karlsruhe, claro está, puesto que esperamos sacar buen partido de las nuevas tecnologías, a fin de distribuir en el espacio y en el tiempo ese parlamento de parlamentos).
El tercer tipo de evento, mucho más arriesgado y difícil de expresar, pero indispensable, es una Simulación a escala diversa de debates reales acerca de cuestiones pendientes, para presentar al público las diversas soluciones posibles en cuanto a lo que podría ser el proceso debido en cuestiones de democracia científica, o lo que Sheila Jasanoff ha propuesto llamar epistemología cívica. Por ejemplo, la cuestión, fuente de divisiones y sumamente técnica, de cómo gestionar la industria pesquera europea podría intentar abordarse en diversos tipos de asambleas (y aquí también los eventos podrían dis-locarse en tiempo y espacio).
Los tres géneros —Exposición, Feria y Simulación— se complementarán mutuamente, puesto que los mecanismos y procedimientos se harán visibles y, por tanto, comparables en el espacio.
Los visitantes, participantes y expertos deberían poder recibir nuevas ideas prácticas del pasado, así como de los otros dominios, acerca de las pequeñas innovaciones que podrían hacer que su esfuerzo en favor de la democracia técnica se viera recompensada con el éxito. Las posibilidades más recientes de presentar datos e ideas por simulaciones basadas en ordenador son fundamentales para la exposición, no sólo como nuevas herramientas de la democracia, sino para revisar la historia de la toma de decisiones.

¿Cómo puede realizarse esta extensión de la democracia mientras la ilusión del conocimiento sobrehumano avanza con dificultad? Comparando los mecanismos, los pequeños trucos, las soluciones inteligentes que han permitido a la gente reunirse en torno a situaciones de disputa.
Ninguno de esos procedimientos por sí solo parece muy prometedor, pero todos ellos tomados a la vez podrían avanzar algo hacia la superación de la crisis de representación. Pregunten a personas con la visión dañada acerca del enorme cambio que supuso para ellos el pequeño invento del bastón blanco. De modo similar, si no hay alternativa —y no hay otra alternativa—, el mínimo invento que pueda hacer posible que pequeñas personas ignorantes (es decir, todos nosotros) veamos un poco más allá y más rápido, deberá ser bienvenido. Cuando la luz cegadora de la Ilustración haya oscurecido finalmente, hasta la bombilla más pequeña puede proporcionar una preciosa fuente de comodidad.
Puesto que los dominios a cubrir parecen ser inmensos, y dado que no queremos meternos en una empresa enciclopédica, debemos ser algo selectivos acerca de nuestros focos de interés. El principio general de selección para los tres aspectos de la exposición es el siguiente:
¿Es -o fue- una innovación? ¿Está en la intersección entre la recogida de información y la fabricación de opinión? ¿Hace cambiar algo, por poco que sea, en la cuestión de la democracia? ¿Puede exportarse o, al menos, hacerse comparable con otras innovaciones producidas en dominios muy diferentes presentes en el proyecto?.

Dos referencias podrían ser de utilidad para establecer el alcance y la ambición de la exposición.
La primera es la magnífica ambiguedad de la palabra Cosa, que en todas las lenguas europeas significa simultáneamente “ese objeto de ahí” y “la asamblea para el debate cuasipolítico y judicial”. Durante varios siglos, se creyó que sería posible distinguir radicalmente las cosas externas, que se dejaban a expertos y a las asambleas políticas, que sólo trataban de intereses y pasiones humanos. Ahora, las “cosas” de la ciencia y la tecnología han vuelto adonde deberían haber estado siempre: al interior de los procesos políticos. En la palabra República, vuelve a recalcarse la palabra “res”. Las cosas, por así decir, se han convertido en “cosas” otra vez, es decir, en asambleas de debate. El problema es que nadie tiene una idea muy clara sobre la forma que deberían adoptar tales asambleas.
La segunda referencia es a John Dewey, quien en su libro El público y sus problemas formuló la pregunta esencial: el público para Dewey no es lo que existe como producto de la voluntad general, convirtiendo de repente los ciudadanos al altruismo o confiando su vida a la sabiduría de los expertos. El público se hace por lo que influye a todos pero que nadie sabe lo que es; sobre todo los expertos, ya que las causas y consecuencias inesperadas de nuestra acción colectiva son simplemente eso: inesperadas. Así, para hacerse visible a los ojos, la web de conexiones inesperadas debe ser explorada lentamente y representada frecuentemente mediante una multitud de pequeños inventos y trucos. A algunos esas reuniones les parecerán demasiado humildes y mundanas, pero reunir y comparar esos procedimientos podría ser la única manera, si seguimos deseando ir en busca de la Ilustración sin su potente reflector.

Bruno Latour, filósofo y antropólogo. Ha sido desde 1982 profesor en el Centre de Sociologie de l’Innovation en la École Supérieure des Mines de París y profesor invitado en el UCSD, en la London School of Economics y en el departamento de Historia de la Ciencia de la Universidad de Harvard.
Peter Weibel actualmente es director del Centro para las Artes y los Media de Karlsruhe, el ZKM. Desde 1994, ha sido profesor de Media Visuales en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena, y profesor ayudante de Vídeo y Artes Digitales en la State University de Nueva York, en el campus de Buffalo.

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