martes, 4 de noviembre de 2008

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Kai Sibley. Retrato de Stan Brakhage en un café de Boulder, Colorado, 2001.


Stan Brakhage. Como cineasta o artista de vanguardia y/o experimental, Stan Brakhage estuvo siempre interesado en las posibilidades del cine más allá de la capacidad del ojo de la cámara para grabar imágenes.
Ingeniosos métodos de revelado o una concepción distinta del papel del proyector son algunas de las formas inusuales que utilizó para trabajar con la imagen en movimiento. En Metaphors of Vision, el primero de sus muchos libros, Brakhage describe su trabajo como una aventura perceptiva. Ver sus películas –desde las que duran pocos segundos, como Eye Myth, a producciones más largas, como A Child’s Garden and the Serious Sea– es aprender a mirar.En efecto, Brakhage –llamado "el embajador del cine como forma de arte" por compañeros y amigos– investiga la naturaleza misma del cine: como objeto encontrado, como superficie para dibujar o por las propiedades transformadoras de procesos de revelado experimentales.
Brakhage también jugó con el collage y, por ejemplo, en Mothlight pegó alas de polillas sobre la tira de celuloide y la reveló. El resultado transmite una tensión dinámica a través de pequeños objetos que, encerrados dentro del área del fotograma, centellean sobre la pantalla apenas medio segundo.
No obstante, tal y como menciona el experto en cine Paul Arthur, el espectador que ve por primera vez un filme de Brakhage "casi siempre encuentra la experiencia intimidante y no poco confusa".
Arthur afirma que el principal obstáculo para apreciar o entender las películas de Brakhage "es la perspectiva visual con que Brakhage muestra las cosas y las sitúa en un extremo en que casi no las podemos reconocer". "No es que una imagen en particular se perciba como abstracta –aunque algunas películas suyas, o partes de películas, son decididamente no-representacionales– sino que nuestra capacidad de ordenar de forma fácil y comprehensiva lo que vemos dentro de categorías semánticas fijas sufre un cortocircuito".
Como P. Adams Sitney argumenta en su libro Visionary Film, para apreciar la obra de Brakhage es fundamental que seamos conscientes de que siempre nos transporta a su forma particular de mirar. Esto lo consigue por la forma de sujetar y utilizar la cámara, cuando la utiliza, y por la importancia que otorga a la luz. Además de las muchas estrategias de tratamiento de la imagen que emplea, también aporta una sensación única de movimiento. Este cineasta, autor de las más hermosas y ambiguas tomas, nos recuerda constantemente quién está detrás de la cámara. Y el espectador, obligado a mover los ojos y la cabeza sin descanso, no puede ignorar la visión de Brakhage, que tiene en sus manos el control del –en palabras de Nicky Hamlyn– "extremadamente volátil mundo de la luz". Sus imágenes son translúcidas, aunque a veces se difuminan y parecen los titilantes luminosos de las calles. En muchos de sus escritos y entrevistas, el director afirma que sus filmes tratan sobre "la luz". Autores que han escrito sobre Brakhage apuntan que cuando habla de la luz, se refiere a los objetos en sus películas y subraya que lo que es importante no es el objeto en sí, sino la luz que refleja.


Berta Sichel. Extraído del catálogo de la muestra realizada en en Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

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