La aventura del pensamiento
“Lo esencial en la existencia de un hombre como yo es lo que piensa y cómo lo piensa; no lo que haga o sufra”.
“Aquí estoy, a la edad de sesenta y siete años, con la idea de escribir algo así como mi propio obituario”
(Albert Einstein; 1946)
La aventura del pensamiento. En 1946, cuando contaba 67 años de edad, Einstein escribió sus Notas autobiográficas, un texto sólo “relativamente” autobiográfico en el que nos revela la imagen que tenía de sí mismo y de su trabajo. Curiosamente, en lugar de centrarse en los hechos con los que suele resumirse una vida, su autor prefirió abordar una cuestión que para él era esencial: ¿Qué es en realidad “pensar”? Sus reflexiones al respecto nos permiten deducir que Einstein pensaba –además de mucho y bien– más en imágenes que en palabras, de modo que su intelecto era eminentemente visual.
Además, concedía gran importancia a la imaginación y, especialmente, a la curiosidad, valorando la capacidad de preguntarse por el mundo que nos rodea, por no perder el asombro o “el sentido de lo maravilloso”, tal y como él lo definía. Estos aspectos de su inteligencia encajan a la perfección con su capacidad para imaginar experimentos mentales –sus famosos gedankenexperimenten– como el que a la edad de dieciséis años le llevó a imaginarse alejándose a la velocidad de la luz de la torre del reloj de su ciudad. Supuso que el reloj le parecería estar parado, puesto que él viajaba junto a la luz que portaba la imagen reflejada por las manecillas de la esfera.También se preguntó cómo vería el rayo de luz al que acompañaba, y lo visualizó como una onda estacionaria con sus crestas y valles estáticos, aunque una onda así no podría existir según las leyes del electromagnetismo de Maxwell. El “inocente” experimento mental de un viaje a la velocidad de la luz le reveló una contradicción dentro de la física clásica, de modo que o bien las ecuaciones del electromagnetismo de Maxwell eran erróneas, o lo que fallaba era la mecánica newtoniana. Esta contradicción le persiguió hasta que en 1905, diez años más tarde, logró formular la Teoría de la Relatividad Especial.
“No me cabe duda de que el pensamiento se desarrolla en su mayor parte sin el uso de signos (palabras), y además de forma inconsciente”
(Notas autobiográficas; 1946)
La Huella de Einstein | Editado en 2005 por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT).
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