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El presente escrito pertenece a uno de los juegos, “El juego de Las Estafas”, que Gastón Breyer desarrolló como ejercicio didáctico en el contexto de un taller de diseño.
Una de las partes de este escrito es el referido al sentido del mismo y su relación con la didáctica. Desde este lugar extracte lo siguiente.
Didáctica y Juego. Un juego –abierto, gratuito, bien entendido– siempre tiene un origen y sentido, un trata, entonces, de lanzar al vacío, hacia adelante, una constatación, una situación, una circunstancia, un algo que se intuye – supone como posibilidad de estar ahí, de ser, tener realidad. y de tener posibilidad de, a su vez, erigirse en propuesta, en requisitoria, en afirmación...
Pensamos en una “didáctica por vivencia”. No es obvio, no es fácil, naturalmente. Una vivencia crea un espacio epistemológico y operativo mucho más abierto, más impredecible, mutable, con mayor flexibilidad. Para ser asumida por el alumno, en sus posiciones personales distintas.
Trabajar a partir de una vivencia, –en este caso, un Juego– no coerciona de entrada, tampoco tiene modos tan duros y artificiales de evaluación.
En la vivencia pondríamos en actividad un modelo que se mueve según el usuario que no se impone verticalmente y absolutamente.
Por supuesto una didáctica por vivencia no podría encarar todas las disciplinas, no vendría al caso. Inauguraría una didáctica no basada en temática puntual.
El Juego podría verse como un modelo de simulación, un como si, aplicable a orientar –por mímesis– a una enseñanza concreta.
La verdad, naturalmente, aparecerá con la verificación... por ahora no la tenemos.
Se podría hablar de una enseñanza por “resonancia”.
El Juego se lanza al vacío. El alumno lo acepta, se hace cómplice con él, juega y aprende, es decir comienza a comprender la realidad.
Todo reside, por lo tanto, en armar bien el paquete.
Una Facultad sería, en este contexto y simplemente, poco mas que un bien pensado programa de paquetes. Con veinte bien madurados y experimentados paquetes, podríamos garantizar una eficiente resonancia y una excelencia de didáctica.
El sentido. El Juego tiene un Partido, pone en evidencia un Partido.
Como todo “juego en serio” –no un deporte cualquiera, producto de mercado, hecho por y para el lucro...– El Juego es un acto mutante. Una manifiesta transformación.
Este cambio de un estado a otro, en definitiva juego de óntica, Juego – Partido, tiene por oculto o semioculto un mensaje clave: recordarle al humano lo que él es, un momento de transformación, un “algo” que no dura mas que lo necesario para pronunciar las palabras. El juego podría verse como una micro ceremonia laica o un paso “ontológico”.
Así como la tarea diaria y material, la contemplación meditativa hacia la Realidad, el pensamiento de honda seriedad, la comprometida indagación estética, la apasionada interacción familiar y social... la actuación del Juego –intrincada y explosiva lúdica– se ubica como un tiempo indispensable y atómico del currículum del humano. En ese caso no lo alejaríamos demasiado del territorio de la esotérica más seria y consecuente. De allí que, tantas veces, se hable, en ese contexto, de ceremonias, rituales, liturgias laicas (con mayor o menor consecuencia).
Pero, en la lúdica, no ha de pretenderse un rédito material, no se pretenda nunca un rescate de contaduría.
No interesa si se arriba a un “resultado” contable, sea de posición sea de objeto. Más que este, interesa el recorrido... el caminar, que el camino.
Interesa esa experiencia de habernos tropezado con una cara de la Realidad, de la Realidad de allá afuera o de la Realidad de acá adentro.
No interesa el sustantivo evaluable en pesos u objetividades de lucro; sino el verbo, experiencias, vivencias, relojería de conciencia.
Entonces será posible rescatar, más allá de los significados, el sentido que es saldo en vivencias efectivas, instantes de existencia referidos al horizonte del Real.
Gastón Breyer Gabinete de Heurística , FADU . 2003
Continua...



