24 | Arte Invención. Juan Forn
Arte Invención. Buenos Aires, 1944. En el mismo año en que mueren Kandinsky y Mondrian, una revista llamada Arturo lanza su primer (y único) número las calles porteñas pregonando el advenimiento de una nueva era en el arte. “Ni expresión ni representación ni simbolismo”, proclaman sus jóvenes hacedores: “Invención”. Ésa es la palabra clave, el modo en que toman distancia de la idea romántica de creación y sus connotaciones de subjetividad e intuición como esencia de la actividad artística.Influidos por De Stijl y la Bauhaus (y más específicamente por las teorías de Van Doesburg y Max Hill), anuncian un arte concreto que, a través de un lenguaje universal (el de la línea y el plano) y el rigor del método científico, superara el carácter subjetivo de la pintura representativa, sea expresionista, surrealista o cubista. Materialistas dialécticos todos ellos, se oponen también a la precariedad del realismo socialista, así como al espiritualismo de los pioneros de la abstracción europea (Kandinsky, Mondrian, Malevich). Es la primera vez que un movimiento de vanguardia no llega al país de la mano de artistas que lo traen de Europa, sino que se genera de la Argentina hacia el mundo: aunque ninguno de sus miembros no ha pisado Europa hasta entonces, estan bien al tanto de las tendencias de vanguardia y se proponen participar a pleno de esa dinámica, pese a lo periférico de su origen. Los miembros originales del grupo (Carmelo Arden Quin y Rhod Rothfuss – ambos uruguayos-, Gyula Kosice, Lidy Prati y los hermanos Edgar Bayley y Tomás Maldonado) se reúnen en lo de Pichon Rivière y Grete Stern.
Si bien todos coinciden en el postulado formal más atrevido enunciado por la revista, en un artículo firmado por Rothfuss (quebrar la forma tradicional del cuadro y darle al contorno de la tela un rol activo, estructurado a la composición), esas reuniones prenuncian otras de las características del movimiento: el fundamentalismo que los llevará a escindirse en sucesivos grupos y hasta abandonar la pintura ante la imposibilidad de resolver satisfactoriamente ese hallazgo que terminará en dilema.
El primer quiebre se produce cuando la línea de Tomás Maldonado y Lidy Prati se retira de aquellas reuniones y funda la Asociación Arte Concreto-Invención, con Alfredo Hlito, Raúl Lozza, Ennio Iommi y Oscar Nuñez. En marzo de 1946, este grupo realiza su primer muestra conjunta (en el Salón Peuser) y da a conocer el manifiesto Invencionista. “Es preciso inventar objetos cotidianos que participen de la vida cotidiana de los hombres. El Nuevo Arte nace de un deseo de participación en el mundo”, declaran, convencidos de que la utopía en que diseño industrial y arte serán uno y “todas las apariencias, desde el objeto más pequeño hasta la ciudad entera, puedan ser vistos como una unidad armoniosa”, en palabras de Max Hill. No son tiempos sencillos: alineados con el PC (Partido Comunista), su propio partido los mira con desconfianza, mientras en ministro peronista Ivanissevich afirma que “el arte abstracto es para degenerados, no para nosotros”. A pesar de las acusaciones de hermetismo, continúan con su buceo informal buscando comprender “la real trascendencia” del quiebre del cuadro. Primero eliminan el marco tradicional; luego materializan las figuras en relieve y abandonan la tela como soporte, pero la pared asume entonces el papel que antes tenía la tela. Así que deciden “darle más importancia al espacio penetrante que al cuadro mismo” y así llegan al que consideran su descubrimiento máximo: la separación en el espacio de los elementos constitutivos del cuadro.
Raúl Lozza discrepa con sus compañeros y se aparta para fundar por si solo el Perceptismo. El grupo termina de disgregarse con el ofrecimiento que recibe Maldonado para incorporarse a la Escuela de Diseño de Ulm. Los restos de esa utopía se mantendrán vivos en la revista Nueva Visión y la editorial del mismo nombre, cuya colección de estética queda a cargo de Alfredo Hlito. Prati y Maldonado dejan la pintura por la teoría; Enio Iommi se inclina cada vez más a la escultura. Finalmente el que tiene una relación menos visceral con la pintura, Hlito, es el único que no la abandona.
El ciclo del grupo Madí ( así se bautizan Arden Quin, Rothfuss, Kosice y Martín Blazco) es menos dramático pero corre la misma suerte es sus exploraciones, aun cuando se someten a una preceptiva menos rigurosa que la de los invencionistas. No adscriben a un futuro del arte en el funcionalismo ni se alinean con el PC. Preferieren reivindicar un a poética más lábil, que deje espacio a la subjetividad y el individualismo. Si bien en su manifiesto distinguen taxativos la especificidad de la pintura y de la escultura, concluyen rescatando la palabra que ellos mismos habían anatemizado: “Para el madismo, la invención es un método interno, superable, y la creación es una totalidad incambiable. Madí, por lo tanto, inventa y crea”.
Juan Forn | Extraido de “El dilema del marco irregular”.
Continua...

