lunes, 30 de agosto de 2010

Adverbio, centro -explosivo- de meditación. Cuando el mundo en que supuestamente vivimos se resquebraja o se desvanece, cuando la historia resulta una nostálgica o trágica pesadilla y el porvenir una vacía veleidad, cuando el suelo desaparece y el cielo solo es una mancha oscura, pesada y opaca... diremos que cosas y quehaceres se han tornado problemáticos, elusivos y aberrantes.
Los sustantivos se nos diluyen y los verbos se nos escapan, todo resulta negativo o negado. En ese momento el hombre cuestiona y se cuestiona. Como lo único que puede hacer, lo único que le queda en la interperie y la soledad, el cuestionar.
En ese momento solo lo que queda es la pregunta.
Seguir preguntando sin mucha esperanza de respuesta.
Pero esta mañana descubrí eso extraño. Eso, que lo único que me quedaba eran los adverbios.
Los adverbios... extraños miembros de la superfamilia de las palabras, personajes secundarios de la escena gramatical, ellos entrañan sin embargo -y desde su relativa minucia- la radical duda metafísica, nada menos.
En definitiva son algoritmos o heurísticas de sintaxis. Gramatical y tradicionalmente los adverbios -dentro de la Morfología y la Sintaxis del discurso- fueron inventados para “modalizar” una situación (sustantivos) o una acción (verbos). Modalizar una circunstancia o cualificar una acción. Dimensionar el cómo, la intensidad en un vector, determinar un tiempo y/o lugar.
Para los gramáticos el adverbio, es un cualificador del verbo, así como el adjetivo orienta al sustantivo.
Proceso de modalización, dar forma, apariencia, cualidad y cantidad... tarea bien de diseñador.


Adverbios y sus correspondientes latinos.

Un qué -qui, quae, quod- que habla de algo que es, y de qué es ese ser, que apunta a lo sustantivo, al tema, contenido, significado, esencia, a aquello que tiene caracter y naturaleza de coseidad, sustantividad.

Un cómo -sicut, atque, ac- que dice de modos de ser.
Un cuándo -cum, quando, ubi- que remite a tiempo, datación.
Un dónde -ubi, quo- que señala lugares o sitios.
Un porqué -quia,quod, nam, namque, cum, enim- que da o pide razones, causas, orígenes.
Un para qué -ob- que supone fines, sentidos consecuencias, objetivos.
Un quién -quis, qui, quae, quod, quid- que toma la palabra como agente, destinador.
Un para quién que responde o no pero es destinatario.

Estos son los instrumentos; los seis primeros son los personajes, los seis fabulosos, eternos, inconmensurables, agentes con los cuales el hombre -desde sus comienzos- piensa. Con ellos planteó y pensó toda su filosofía. Basta recordar a Tales de Mileto y a sus amigos los Presocráticos.
Comenzaron con estas solas preguntas: qué, quién existe, cómo, porqué, para qué.


Extraído de la “Escena presente”, Ediciones Infinito, 2005 | Gastón Breyer.
Continua...

domingo, 29 de agosto de 2010

La Biblia. Libro de los Proverbios o Parábolas de Salomón.


Sabiduría de los proverbios. Resolver problemas es una actividad humana fundamental. De hecho, nuestro pensamiento consciente trabaja la mayor parte del tiempo sobre problemas. Cuando no dejamos la mente a su libre albedrío, cuando no la dejamos soñar, nuestro pensamiento tiende hacia un fin; buscamos medios, buscamos resolver un problema.
Algunos logran alcanzar mejor que otros la meta resolviendo sus problemas.
Se notan estas diferencias, se discuten, se comentan. Ciertos proverbios parecen haber conservado la esencia misma de esas observaciones. En todo caso, existen muchos proverbios que caracterizan de modo sorprendente los diversos procesos que se siguen al resolver un problema, las consideraciones de sentido común, los “trucos” y los errores clásicos. Se encuentran muchas observaciones perspicaces -algunas incluso sutiles pero sin presentarse, claro está, bajo la forma de un sistema científico, desprovistas de contradicciones y oscuridad. Por el contrario, la mayor parte de los proverbios se opone a otros que expresan exactamente la idea inversa, dejando sin embargo, todos ellos un gran margen de interpretación.
Sería tonto considerar los proverbios como fuente indiscutible de sabiduría universalmente aplicable, pero sería lástima el descuidar la descripción gráfica de los procedimientos heurísticos que nos suministran.
Un trabajo interesante consistiría en reunir los proverbios relativos a la concepción de un plan, a la búsqueda de medios, a la elección de un comportamiento, en suma, agrupar todos aquellos que tratan el modo de resolver problemas. No disponemos aquí del espacio necesario para llevar al cabo tal trabajo; nos limitaremos, pues, a citar algunos de ellos para ilustrar las principales fases de la solución tal como las señala nuestra lista y que hemos tratado en diversas ocasiones, en articular en las secciones 6 a 14. Los proverbios citados se imprimirán en cursiva.

1. Lo que hace falta ante todo es comprender que: Quien mal comprende, mal responde. Tenemos que ver claramente los fines a los que tendemos: En todo hay que considerar el fin. Es un viejo consejo; “respice finem” decían ya en latín. Desgraciadamente no siempre se sigue y con
frecuencia se reflexiona, se habla, se obra a tontas y a locas, sin haber comprendido realmente cuál es el propósito deseado. El necio ve el principio, el sabio el final. Si el fin perseguido no está claro en nuestra mente, perderemos fácilmente el camino y abandonaremos el problema. El sabio empieza por el final, el necio termina en el principio.
Pero no basta comprender el problema, hay que desear también solucionarlo.
No podremos resolver un problema difícil sin un gran deseo de hacerlo; pero si tal deseo existe, probablemente podremos. Si quiero puedo.

2. Trazar un plan, concebir la idea de la acción apropiada, es lo esencial para llegar a la solución de un problema.
Una buena idea es un golpe de suerte, una inspiración, un don de los dioses que hay que merecer: Ayudate y Dios te ayudará. La perseverancia mata la caza. No se derriba un roble de un hachazo. Sin embargo, no basta repetir los intentos; debemos probar otros medios, cambiar de método. Hay que probar todas las llaves del llavero. Hemos de adaptar nuestros esfuerzos a las circunstancias. Según el viento, la vela. Según la tela, el traje. Debemos hacer lo que podemos si no podemos hacer lo que queremos. Si fracasamos, debemos intentar otro camino. Es de sabios rectificar. Desde el principio deberíamos esperar un posible fracaso y tener otro plan en reserva. Hay que llevar dos cuerdas para el arco. Si caemos en el error de cambiar de plan con excesiva frecuencia, quizá oigamos entonces el comentario irónico: Para hacer y deshacer, el día es largo. Corremos menos peligro de equivocarnos si no perdemos de vista nuestra meta. El objeto de la pesca no es tirar el anzuelo sino sacar el pez.
Nos esforzamos en extraer de la memoria lo que nos puede ser útil pero, con frecuencia, una idea eficaz que se presenta por sí misma pasa desapercibida. Un experto quizá no tenga más ideas que las que tiene un hombre sin experiencia, pero sabrá apreciarlas mejor y hará mejor uso de ellas. Sabrá poner todos los triunfos en juego. O quizá su ventaja reside en el hecho de estar continuamente alerta: así podrá coger la ocasión por los pelos.

3. Hay que poner el plan en ejecución en el momento oportuno, es decir, cuando ha madurado y no antes. No hay que hacerlo precipitadamente.
La prudencia es la madre de la seguridad. La noche trae su consejo.
Por otra parte, no hay que dudar mucho tiempo. Quien nada arriesga nada pierde. El que no se arriesga no cruza el mar. La suerte es del audaz. Ayudate y Dios te ayudará.
Debemos emplear nuestro juicio para elegir el momento propicio. He aquí una advertencia pertinente que subraya el error más común, el fracaso más corriente de nuestro juicio: Los deseos no son realidades.
Nuestro plan, por lo general, nos da sólo una idea de conjunto. Tenemos que cuidar que los detalles encuadren en la línea general, para lo cual tenemos que examinar cuidadosamente cada detalle, uno tras otro. Poco a poco el pájaro hace su nido. Zamora no se ganó en una hora.
Al llevar a efecto nuestro plan debemos tener el cuidado de ordenar adecuadamente sus etapas, orden que por lo general es inverso al orden del descubrimiento. Lo que un necio hace al final, un hombre cuerdo lo hace al principio.

4. Una fase importante e instructiva del trabajo es volver a examinar la solución una vez que se ha obtenido. No piensa bien quien no piensa dos veces.
Gracias a este nuevo examen podemos confirmar el resultado. Hay que hacer observar al principiante que este tipo de confirmación tiene valor, que valen más dos que una.

5. Es esta una parte solamente de los proverbios relativos a la solución de problemas. Se podrían citar muchos más que, por ser del mismo tema, serían simples variaciones. Existen otros aspectos del desarrollo de la solución, más sistemáticos y más elaborados que no provienen ya de la Sabiduría de los Proverbios.
Al describirlos hemos tratado, sin embargo, de darles una presentación cercana a la forma de los proverbios, lo cual no es fácil. He aquí algunos de estos proverbios “sintéticos” que describen actitudes un tanto sofisticadas.
El fin sugiere los medios.
Sus cinco mejores amigos son qué, por qué, dónde, cuándo y cómo.
Pregúntese de qué se trata, pregúntese por qué, dónde, cuándo y cómo y no considere la opinión de nadie más.
No crea nada, pero reserve sus dudas para las cosas importantes.
Mire alrededor suyo cuando encuentre la primera seta: las setas como los descubrimientos no crecen nunca solas.


Extraído de “Cómo plantear y resolver problemas”, G. Polya. Editorial Trillas, 1965 | George Pólya nace en 1887 en Budapest, Hungría. Estudió en la Universidad de Budapest leyes, idiomas y literatura. En 1912 obtiene un doctorado en matemáticas. Publicó estudios acerca de la teoría del número, la astronomía y la probabilidad. Murió en 1985 en Palo Alto, California.
Continua...

viernes, 27 de agosto de 2010


La vida en diez minutos. Herz Frank es un documentalista soviético, nacido en Ludza, que ha realizado más de 30 cortometrajes dentro de un cine poético documental.
Atraído por la vida interior de las personas y sus eternos problemas - el amor, el nacimiento, la muerte y el destino –se planteó desde un comienzo si como documentalista tenía derecho a exponer la vida de otras personas. Tuvo sus dudas, siguió filmando.
En 1978 junto con el camarógrafo Juris Podnieks, ruedan “Ten Minutes Older” (Par desmit minutem vecaks) en una sola toma en un teatro de títeres. Durante diez minutos sin interrupción, se propusieron registrar en la cara de un niño pequeño sus emociones, las profundidades de su alma.
Este cortometraje considerada su obra más conocida, inspiró hace unos años un díptico (Ten minutes older: The Cello y Ten minutes older: The trumpet, 2002) compuesto por diferentes episodios realizados por significativos directores como: Godard, W. Herzog, C. Denis, A. Kaurismaki, Wenders y Jarmusch entre otros.

Le dedico este film a mi pequeño hijo en el mes de su cumpleaños.
Ver corto.
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