miércoles, 31 de octubre de 2007

29 | La patología del saber, la inteligencia ciega. Edgar Morin

La patología del saber, la inteligencia ciega. Vivimos bajo el imperio de los principios de disyunción, reducción y abstracción cuyo conjunto constituye lo que llamo el paradigma de la simplificación. Descartes formuló este paradigma maestro de Occidente, desarticulando al sujeto pensante (ego cogitans) y a la cosa extensa (res extensa), es decir filosofía y ciencia, y postulando como principio de verdad a las ideas “claras y distintas”, es decir, al pensamiento disyuntor mismo. Este paradigma, que controla la aventura del pensamiento occidental desde el siglo XVII, ha permitido, sin duda, los enormes progresos del conocimiento científico y de la reflexión filosófica; sus consecuencias nocivas ulteriores no se comienzan a revelar hasta el siglo XX.Tal disyunción, enrareciendo las comunicaciones entre el conocimiento científico y la reflexión filosófica, habría finalmente de privar a la ciencia de toda posibilidad de conocerse, de reflexionar sobre sí misma. Más aún, el principio de disyunción ha aislado radicalmente entre sí a los tres grandes campos del conocimiento científico: la Física, la Biología, la ciencia del hombre.
La única manera de remediar esta disyunción fue a través de otra simplificación: la reducción de lo complejo a lo simple (reducción de lo biológico a lo físico, de lo humano a lo biológico). Una hiperespecialización habría aún de desgarrar y fragmentar el tejido complejo de las realidades, para hacer creer que el corte arbitrario operado sobre lo real era lo real mismo. Al mismo tiempo, el ideal del conocimiento científico clásico era descubrir, detrás de la complejidad aparente de los fenómenos, un Orden perfecto legislador de una máquina perfecta (el cosmos), echa ella misma de micro-elementos (los átomos) diversamente reunidos en objetos y sistemas.
Tal conocimiento fundaría sus rigor y su operacionalidad, necesariamente, sobre la medida y el cálculo; pero la matematización y la formalización han desintegrado, más y más, a los seres y a los existentes por considerar realidades nada más que a las fórmulas y las ecuaciones que gobiernan a las entidades cuantificadas. Finalmente, el pensamiento simplificante es incapaz de concebir la conjunción de lo uno y lo múltiple (unitas multiplex). O unifica abstractamente anulando la diversidad o, por el contrario, yuxtapone la diversidad sin concebir la unidad.
Así es que llegamos a la inteligencia ciega. La inteligencia ciega destruye los conjuntos y las totalidades, aísla todos sus objetos de sus ambientes. No puede concebir el lazo inseparable entre el observador y la cosa observada. Las realidades clave son desintegradas. Pasan entre los hiatos que separan a las disciplinas. Las disciplinas de las ciencias humanas no necesitan más de la noción de hombre. Y los ciegos pedantes concluyen que la existencia del hombre es sólo ilusoria. Mientras los medios producen la cretinización vulgar la Universidad produce la cretinización de alto nivel. La metodología dominante produce oscurantismo porque no hay más asociación entre los elementos disjuntos del saber y, por lo tanto, tampoco posibilidad de engranarlos y de reflexionar sobre ellos.
Nos aproximamos a una mutación sin precedentes en el conocimiento: éste está cada vez menos, hecho para reflexionar sobre él mismo y para ser discutido por los espíritus humanos, cada vez más hecho para ser engranado de las memorias informacionales y manipulado por potencias anónimas, empezando por los jefes de Estado. Esta nueva, masiva y prodigiosa ignorancia es ignorada, ella misma por los sabios. Estos, que no controlan, en la práctica, las consecuencias de sus descubrimientos, ni siquiera controlan intelectualmente el sentido y la naturaleza de sus investigación.
Los problemas humanos quedan librados, no solamente a este oscurantismo científico que produce especialistas ignarios, sino también a doctrinas obstrusas que pretenden controlar la cientificidad (al estilo del marxismo althuseriano del econocratismo liberal), a ideas clave tanto más pobres cuanto que pretenden abrir todas las puertas (el deseo, la mimesis, el desorden, etc.), como si la verdad estuviera encerrada en una caja fuerte de la que bastara poseer la llave, y el ensayismo no verificado se reparte el terreno con el cientificismo estrecho.
Desafortunadamente, la visión mutilante y unidimensional se paga cruelmente en los fenómenos humanos: la mutilación corta la carne, derrama la sangre, disemina el sufrimiento. La incapacidad para concebir la complejidad de la realidad antro-social, en su micro-diemensión (el ser individual) y en su macro-dimensión (el conjunto planetario de la humanidad), ha conducido a infinitas tragedias y nos condujo a la tragedia suprema. Se nos dijo que la política “debe” ser simplificante y maniquea. Lo es, ciertamente, en su versión manipulativa que utiliza a las pulsiones ciegas. Pero la estrategia política requiere al conocimiento complejo, porque la estrategia surge trabajando con y contra lo incierto, lo aleatorio, el juego múltiple de las interacciones y retroacciones.


Edgar Morin | Extraído de “Introducción al pensamiento complejo”.

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28 | Pieza de colección. Yoko Ono

Pieza de colección. Coleccionar en la mente los sonidos que se han escuchado casualmente en la semana. Repetirlos mentalmente en distinto orden una tarde.

Yoko Ono | Otoño 1963
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viernes, 12 de octubre de 2007

27 | Moles y las ciencias de lo impreciso. José Luis Piñuel Raigada

Moles y las ciencias de lo impreciso. “Otro instrumento del que tuvo alguna responsabilidad de introducir en las ciencias humanas, es el que ahora ha dado en llamarse análisis sistémico, reformulación más rigurosa de los modelos cibernéticos a los que Moles ampliamente contribuyó, por ejemplo con investigadores como Greywalter y Ashby. Construir modelos es una disciplina cuasi cartesiana, esquematizar un fenómeno mediante series de cajas negras y de conexiones entre ellas. El objetivo es esencialmente en este caso comprender el juego de fuerzas elementales articuladas de forma demasiado compleja para que la mente humana pueda seguir esa articulación a la vez en sus detalles y en su totalidad; necesita en ese momento apoyarse en un modelo, un simulacro, cuyo comportamiento debe tener un grado cualquiera de analogía con el fenómeno del que se ha partido y que de esa manera ha sido esquematizado. La diferencia entre ambos proporciona al “sistemista” que hace lo experimentación, uno suerte de “señal de error” epistemológico que se traducirá en una pulsión crítico dirigida o mejorar su modelo y o perfeccionarlo.
De hecho, aquello que se denomino “sistémica”, término derivado de la teoría general de sistemas, ha adquirido mucha importancia en el pensamiento científico, en especial en futurología, en economía política, y sobre todo, en ecología. El modelo del Club de Roma, que Moles tuvo ocasión de enseñar regularmente a sus estudiantes desde sus cursos (en 1 967) sobre futurologías publicadas hasta entonces, y los contactos que mantenía con algunos de los colaboradores del Club, a pesar de sus reconocidos defectos, rige actualmente el problema de las relaciones con nuestros entornos circundantes y plantea finalmente la necesidad de una nueva ética a la búsqueda de nuevos valores”.

Extracto de “Abraham Moles y la Teoría de la Información” | José Luis Piñuel Raigada Profesor del Departamento de Sociología IV UCM.


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martes, 9 de octubre de 2007

26 | Las representaciones mediáticas en la actualización de la memoria. Ada Cristina Machado Da Silveira

Una representación establece un anhelo que atraviesa las barreras del tiempo y del espacio. Toda representación nos concreta algo, nos obsequia con una información dirigida hacia nuestra sensibilidad. La presencia, por el contrario, no puede cobrar una representación, puesto que la representación sustituye a una ausencia y otras formas suyas como una laguna, un lapso, un silencio o un desvanecimiento. De ahí, que la representación no necesite substanciar lo que todavía se hace presencia plena, actuando antes en la actualización de la memoria.
La búsqueda de superación de la distancia, de alcanzar lo que está allende o no disponible caracteriza la solidificación de las representaciones en el cotidiano. Como lo define Henry Lefebvre: “Vivir es representar(se), pero también transgredir las representaciones. Hablar es designar el objeto ausente, pasar de la distancia a la ausencia colmada por la representación” (1983:99). Se consigna, por tanto, que la representación incorpora su concepción de espacio tiempo, pues ocupa el intervalo que se instaura entre la presencia y la ausencia. Rigiendo los intersticios entre el sujeto y el objeto clásicos, entre lo vivido y lo concebido, “las palabras, los signos, representan la presencia en la ausencia”, sostiene Lefebvre (1983:99).

Ada Cristina Machado Da Silveira | Extracto de “Las representaciones mediáticas en la actualización de la memoria” | Utopía y Praxis Latinoamericana Año 7. No 17 (Junio, 2002). Pp. 109-119.
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25 | Perceptismo, Raúl Lozza. Juan Forn

Perceptismo. “Llegamos así a Raúl Lozza, no solo e único de los concretos que se mantuvo empecinadamente fiel a la pintura sino, además, el que logró una respuesta al dilema que terminaría expulsando a sus ex colegas a otras disciplinas.
Cuando disiente con Maldonado y Prati y se aleja del invencionismo (en 1946), llega a la conclusión que no basta con pensar la forma para resolver el problema del arco irregular: hay que enfrentar el problema del color. El que encuentre una sístesis entre el color y sus límites especiales logrará establecer “la conjunción entre lo táctil y lo visual”.Comienza a adaptar conceptos de Planck, Einstein y Maxwell a sus investigaciones de cualimetría (un método inventado por él para establecer la relación forma-color). En 1947 afirma que “se puede lograr un arte de belleza física y objetiva, humanidad y progreso, capaz de relacionar al hombre con lo desconocido activando su conciencia creadora”. Su compañero de ruta, el crítico Abraham Haber, es quien propone el término perceptismo. En 1952 Lozza va más allá de su concepción de “campo colorido” (el plano donde se instala la obra): especifica las dimensiones que debe tener el “muro arquitectónico” y la distancia entre éste y el espectador, además de la intensidad cromática de acuerdo con la luz. Ante la escasez de oportunidades para obtener esos muros (y para evitar el azar de las salas circunstanciales de exhibición), comienza a instalar sus obras sobre placas esmaltadas, considerándolas fragmentos de muros, no marco de encierro”.

“… de acuerdo a mi criterio, lo realizado entre el 45 y 46 por Madí y el Invencionismo sólo significó el agotamiento de un eslabón más del proceso hacia lo real-concreto”.Raúl Lozza, 1997.

Juan Forn | Extraído de “El dilema del marco irregular”.

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