sábado, 26 de marzo de 2011

Desastre. Fukushima, Japón.


Esto escribía en 1973 Ernst Friedrich Schumacher a propósito del uso de la energía nuclear:

La Energía Nuclear: ¿Salvación o Condena?. La principal causa de tranquilidad (ahora cada vez menor) acerca del futuro de las provisiones de energía era, sin ninguna duda, la aparición de la energía nuclear, que en la opinión de la gente había llegado en el momento oportuno. Muy pocos se preocuparon en averiguar cuál era precisamente la naturaleza de lo que acababa de llegar. Era algo nuevo, asombroso, progresista y se hacían muchas promesas gratuitas de que sería barato.
Ya que una nueva fuente de energía sería necesaria tarde o temprano, ¿por que no tenerla de inmediato?
La afirmación siguiente se hizo hace seis años. En esa época, parecía muy heterodoxa.
“La religión de la economía promueve la idolatría del cambio rápido, ignorando el axioma elemental que establece que un cambio que no representa una mejora incuestionable es una dudosa bendición. El peso de la prueba cae sobre aquellos que adoptan el “punto de vista ecológico”: a menos que ellos puedan proporcionar la evidencia de una lesión al hombre, el cambio tendrá lugar.
El sentido común, por el contrario, sugeriría que el peso de la prueba debiera recaer sobre el hombre que desea introducir un cambio; él tiene que demostrar que no podrá haber ninguna consecuencia negativa. Pero esto demandaría demasiado tiempo y, por lo tanto, sería antieconómico. La ecología debería ser un tema obligado para todos los economistas, sean profesionales o no, ya que esto podría servir para restaurar el equilibrio por lo menos en una pequeña medida. Porque la ecología sostiene “que un medio ambiente que se ha desarrollado a través de millones de años, debe considerarse que tiene algún mérito. Nada tan complicado como un planeta habitado por más de un millón y medio de especies de plantas y animales, todos ellos viviendo juntos en un equilibrio más o menos estable en el cual usan y vuelven a usar continuamente las mismas moléculas de suelo y de aire; un planeta así no puede ser mejorado por medio de manipulaciones sin sentido ni información.
Todos los cambios en un mecanismo complejo llevan consigo algún riesgo y debieran realizarse sólo después de un estudio cuidadoso de todos los datos disponibles. Los cambios debieran hacerse en una pequeña escala primero, sirviendo de test antes de ser aplicados de forma más amplia. Cuando la información es incompleta los cambios no debieran apartarse de los procesos naturales, que tienen a su favor la evidencia indiscutible de haber sostenido la vida por un tiempo muy largo”.


Extraído de “Lo pequeño es hermoso” | Ernst Friedrich Schumacher (1911-1977).

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