lunes, 12 de octubre de 2009

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Geografías del desorden. ¿Cuánta irresponsabilidad cabe debajo de una alfombra? ¿Cuánto silencio pueden soportar nuestros oídos? ¿Podremos vivir mirando permanentemente hacia otro lado?

El proceso de modernización compulsiva de las áreas desarrolladas ha primado los fines sin valorar las consecuencias de los medios empleados, entendiéndolos como externalidades razonables. La explotación de recursos, territorios y personas, origen del desorden, genera contingentes forzados al desarraigo por la práctica escapista que supone la migración. “La producción de ‘residuos humanos’ o, para ser más exactos, seres humanos residuales (los ‘excedentes’ y ‘superfluos’, es decir, la población de aquellos que o bien no querían ser reconocidos, o bien no se deseaba que lo fuesen o que se les permitiese la permanencia), es una consecuencia inevitable de la modernización y una compañera inseparable de la modernidad. Es un ineludible efecto secundario de la construcción del orden (cada orden asigna a ciertas partes de la población existente el papel de ‘fuera de lugar’, ‘no aptas’ o ‘indeseables’) y del progreso económico (incapaz de proceder sin degradar y devaluar los modos de ‘ganarse la vida’ antaño efectivos y que, por consiguiente, no puede sino privar de sustento a quienes ejercen dichas ocupaciones)”. El actual concepto de progreso se ha edificado sobre la levedad moral y discursiva, construyendo toda una argumentación que justifica la necesidad de adoptar un determinado modelo de desarrollo, sin reparar en los costes ambientales y humanos. El desorden simbólico al que se refiere el título del trabajo que aquí presentamos alude no sólo a la migración encarnada por millones de personas, en busca de una mejor situación para sus vidas, sino también a la nueva geografía dibujada en todo el planeta como efecto de la obsesión modernizadora que se ha apoderado de las regiones económicamente dominantes. “En verdad, las políticas industriales que vuelven inservibles los artefactos eléctricos cada cinco años, o desactualizan las computadoras cada tres, y las políticas publicitarias que ponen fuera de moda ropa cada seis meses y las canciones cada seis semanas son modos de gestionar el tiempo. Lo hacen simulando que ni el pasado ni el futuro importan. Logran convertir la aceleración y la discontinuidad de los gustos en el estilo de vida permanente de los consumidores. Consiguen así, mediante la renovación de los productos y la expansión de las ventas, garantizar la reproducción durable de los capitales”.

La intervención real a la que aspira este proyecto se desarrolla en el campo de lo inmaterial, y quiere aportar elementos para el razonamiento que puedan conducir a la comprensión de los factores que han favorecido el desarrollo de la presente situación. Partiendo de la creencia de que la mente y el corazón son los verdaderos motores de transformación de la realidad, mediante “Geografías del desorden” se les quiere proporcionar algo de combustible; textos y proyectos de arte convertidos en múltiples clics que ampliarán regiones de entendimiento útil. Creyendo también que las verdaderas dinámicas de renovación tienen su origen en los propósitos impulsados internamente por cada individuo, creyendo en su libertad, no es despreciable la posibilidad de una transformación a partir de la reflexión y el conocimiento, una transformación desde el razonamiento, con la constatación de que la injusticia, ligada a un imparable efecto bumerán, sólo devuelve más injusticia. “El ‘multiculturalismo’ no deja de ser sino el argumento ideológico que encubre el dominio absoluto de una transnacionalización de los valores que generan las identidades de los ciudadanos globalizados. Con ello, la cultura global pasa a ser el mecanismo de mecanismos para desintegrar y desestructurar no sólo la pertenencia nacional y su diversidad simbólica y creativa, sino también los tres niveles de cultura que quedan convertidos en uno solo: la ideología socioeconómica de los grupos de poder”.

¿Querríamos ser sujetos pasivos en el expolio de recursos naturales en nuestras regiones? ¿Receptores de residuos industriales, nucleares y tecnológicos? ¿Explotados como fuerza de trabajo, desposeídos de personalidad jurídica, en un nuevo formato de esclavismo diseñado para producir los artículos de lujo de los Estados más ricos? Parémonos a pensar.


El texto corresponde a José Luis Pérez Pont, Comisario de la muestra “Geografías del desorden. Migración, alteridad y nueva esfera social”. Realizada en la Sala Estudi General i oberta - La Nau C/ Universitat, 2. València. Setiembre/noviembre de 2006.

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