sábado, 24 de mayo de 2008

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El gesto de hacer. La simetría entre nuestras manos es de una índole tal que tendríamos que girar nuestra mano izquierda en una cuarta dimensión para que coincidiera con nuestra mano derecha. Pero como esa cuarta dimensión es prácticamente inaccesible (siendo ese “prácticamente” equivalente a que no lo es “fácilmente”), nuestras dos manos no coincidirán nunca y se ven condenadas a reflejarse mutuamente para siempre en el espejo. Por supuesto que podemos “imaginar” su coincidencia: por ejemplo, mediante manipulaciones complejas de guantes o a través de trucos fílmicos, pero si lo llegamos a imaginar, nos mareamos. El aturdimiento que experimentamos no es muy diferente al que se denomina “vértigo filosófico”. Por la sencilla razón de que la oposición simétrica de nuestras dos manos es un aspecto importante de la condición humana, y si pudiéramos superarla, aunque solo fuera en nuestra imaginación, habríamos superado nuestra condición.Aún así, en un sentido diferente, sí intentamos superarla. Sí intentamos que nuestras dos manos “coincidan” cuando las unimos en un gesto muy específico. Por supuesto que no se trata del gesto “vacío” de juntar las manos. Allí no hay ninguna “coincidencia” de las manos, solo una confirmación de su oposición mutua. Pero sí en el gesto “pleno” de unir las dos manos con la mediación de algún obstáculo, algún objeto. Llamemos este tipo de gesto el “gesto de hacer”. El objetivo del gesto es que nuestras dos manos “coincidan” en el objeto que sujetan entre ellas. El objeto modifica su forma bajo la presión de nuestras dos manos, que intentan unirse a través de él, y es en esta nueva forma del objeto cómo nuestras dos manos llegan a coincidir. El gesto de hacer modifica la forma de las cosas que nos rodean, “bajo nuestras manos”, y cuando le “informa” esto al mundo (su cambio de forma), el gesto logra, en cierto sentido, que nuestras dos manos coincidan, superando así la condición humana.

Es cierto que algunos de los términos que utilizamos para describir el gesto de nuestras manos en su intento por coincidir en el objeto, han adquirido últimamente un significado “abstracto”. A tal punto que tendemos a olvidar que ese significado ha sido “abstraído” de gestos de las manos. Términos tales como “agarrar”, “sujetar”, “aprehender”, “comprender”, “manipular”, “manejar”, “manufacturar”. Este traslado de un significado desde las manos hasta la mente es, en sí mismo, revelador. Muestra hasta qué punto el gesto de hacer, de que nuestras dos manos coincidan en un objeto, es el modelo de nuestros procesos de pensamiento. Si pudiéramos imaginar un ser tan capaz como
nosotros de pensar, pero sin manos comparables a las nuestras, veríamos que sus estructuras de pensamiento serían completamente distintas de las nuestras. Supongamos que el pulpo de aguas profundas tuviera una capacidad mental similar a la humana: pero sería incapaz de concebir, de definir, de calcular, porque estos son aspectos relacionados con los gestos de las manos.
[...] Así la curiosa simetría de nuestras manos, esta oposición sin coincidencia inmediata, le impone al mundo su estructura dialéctica. [...]
Nuestras manos se encuentran casi siempre en movimiento, pero casi nunca en un movimiento desorganizado. Existen varios patrones muy complejos para el movimiento de las manos, los cuales tienen que ver con distintos niveles de relaciones. Está la relación de cada dedo con el pulgar; la relación de los dedos con la palma de la mano y con la otra mano; la relación de la mano con ambos brazos y los demás órganos del cuerpo; y por encima de todo está esa relación curiosamente simétrica de cada mano con la otra. Si pudiéramos fijar la línea que las manos siguen cuando se mueven, por ejemplo, sobre una superficie, como en la pintura de acción o en una cinta de vídeo, descubriríamos probablemente una imagen de una belleza insoportable: la imagen de nuestra pertenencia-en-el-mundo. ¿Pero será que no disponemos de hecho de esa imagen?
Lo que quiero cuestionar, por supuesto, es: ¿no es el mundo del arte y el artefacto, el mundo de cultura que nos rodea, una definición de las líneas que las manos del ser humano han seguido a través de los siglos? No exactamente: es la definición de esas líneas que se han roto, una y otra vez, gracias a la resistencia que les ha ofrecido el mundo objetivo.


Flusser empezó a desarrollar su obra sobre los “gestos” en 1974. Redactó manuscritos sobre “la fenomenología del gesto humano” para conferencias y libros. “El gesto de hacer” ha sido publicado en alemán en Vilém Flusser, Gesten. Versuch einer Phänomenologie, Düsseldorf y Bensheim, 1991. A partir de 1994, Fischer lo ha reeditado. Hay una traducción al español publicada en 1994 por Herder bajo el título de Los gestos. Fenomenología y comunicación, Barcelona.

1 comentario:

Anónimo dijo...

estupendo. gracias!