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La cultura on-line. “Alrededor del mundo en 50 minutos” es el título de un artículo publicado en la antigua Revista de Electrotécnica alemana, el 15 de junio de 1896, que describe el experimento llevado a cabo en la Exposición Eléctrica de Nueva York: Se ha enviado un telegrama alrededor del mundo, cuyo contenido indica que Dios creó las riquezas de la naturaleza y la ciencia emplea la energía eléctrica para la gloria de las naciones y para la paz en el mundo. En la exposición estaban sentados a la mesa el presidente del departamento telegráfico, Gandler, que ha enviado el telegrama, y Edison, que lo ha recibido después de dar la vuelta al mundo... al cabo de 50 minutos. El telégrafo internacional es el transporte más rápido que jamás ha existido. El precio del telegrama ha sido 152 dólares”.
Aproximadamente dos décadas antes el escritor Julio Verne proponía su vuelta al mundo en 80 días, expresando así una nueva noción de globalidad y la voluntad de superar las distancias mediante la velocidad. Esta relación entre tiempo y movimiento del cuerpo a través del espacio geográfico quedó reducida, con el desarrollo de las telecomunicaciones, a la relación entre tiempo y transmisión del mensaje “sin cuerpo”.Un siglo después del experimento telegráfico y dado el actual contexto telemático, constatamos que, pese al advenimiento de los cambios radicales de los medios tecnológicos, han perdurado los principios esenciales: la temporalización del espacio y la descorporización del mensaje. La relación entre distancia y duración, calculada en minutos en el siglo pasado, ha sido reemplazada por la simultaneidad e instantaneidad de la transmisión.
El arte en red. Las recientes propuestas de Museos Virtuales creados en redes o soportes digitales, como el CD-ROM o Internet, rescatan aquellas experiencias que se destacaron por su singular énfasis visionario. Friedrich Kiesler, arquitecto y diseñador, describe en su libro Contemporary Art Applied to the Store, publicado en 1930, una especie de museo inmaterial del futuro: las obras serían transmitidas de manera etérea desde museos como Louvre o Prado a soportes especiales instalados en otras ciudades e incluso en hogares privados. Encontramos una idea semejante en el célebre pasaje de Pièces sur l’art (1934), de Paul Valéry: “Igual que el agua, el gas y la corriente eléctrica vienen desde lejos a nuestras casas... así seremos alimentados por imágenes visuales y auditivas, que nacerán y se desvanecerán al mismo gesto, con una simple seña... No sé si un filósofo ha soñado alguna vez con una sociedad de distribución de la realidad sensible a domicilio”. Estos y otros planteamientos, como el memorable “Museo Imaginario” de André Malraux, se hacen efectivos a través de las telecomunicaciones y los networks.
Un arte inconformista. Desde la perspectiva de los artistas, la creación on-line significa la consolidación inequívoca de la tendencia deconstructiva de los fundamentos de la estética de la objetualidad, representatividad y autonomía, en cuya tradición se ha mantenido gran parte de la historia y filosofía del arte de nuestro siglo. Dentro de esta corriente inconformista hay que destacar la figura de Malewitsch, que en sus Manifiestos Suprematistas (Suprematismo como Inmaterialidad, 1922; Unowis, 1924) ya reivindica el espacio inmaterial como nueva meta del artista en su lucha contra la inmovilidad, monumentalidad y formalismo del objeto de arte. Lucio Fontana da continuidad a esta defensa del arte inmaterial (Manifiesto del Espacialismo, 1948). Espacio, tiempo y movimiento constituyen, según Fontana, los elementos fundamentales de la nueva estética, en que el empleo de los medios de telecomunicación deben desempeñar un papel decisivo (manifiesto televisivo presentado en 1952).
A partir de la década de los setenta se hace notar un creciente interés por parte de los artistas en servirse de las diversas opciones de los medios telemáticos. Los primeros proyectos artísticos vía satélite son llevados a cabo en 1977. El artista Roy Ascott dirige, en 1980, un proyecto pionero en red realizado por ocho artistas conectados entre sí y con un banco de datos de California. Robert Adrian, Norman White, Kit Galloway, Sherrie Rabinowitz, Jean-Marc Philippe, Nam June Paik, Roberto Barbanti, entre otros, son creadores que, a partir de esa época, hacen uso de las telecomunicaciones en sus proyectos multilaterales o intercontinentales.
Simulación, inmaterialidad, interactividad, temporalidad, virtualidad, simultaneidad, pluridimensionalidad, interdisciplinariedad son sólo algunas de las características básicas del arte telemático, que marcan el paso de las teorías tradicionales de la percepción basadas en las ideas estéticas de contemplación, permanencia, originalidad, materialidad y verdad, hacia una “estética de la comunicación” (Roy Ascott). En el campo de creación on-line, el proceso predomina sobre la obra, lo que significa una relación absolutamente dinámica y cambiante. El artista suele renunciar a la autoría última de la obra a fin de propiciar el acto de interacción entre el proyecto artístico y el público (usuario) como una forma de diálogo abierto, participativo y creativo.
Proporcionalmente al desarrollo de los experimentos telemáticos, constatamos un incremento de la complejidad de los planteamientos respecto a las manifestaciones en el llamado “global network”. De la misma manera, la red telemática ofrece el acceso, como muchos autores ya han señalado, a algo parecido a la “biblioteca de Babel” de Jorge Luis Borges, con un universo casi infinito de información sin elemento central. La existencia de una inconmensurable cantidad de bits de información significa también un aumento equivalente respecto a la dificultad de selección, y por lo tanto, un obstáculo para el acceso a un determinado contenido. Basta con observar la obsesión actual por el desarrollo de knowbots y agentes inteligentes que asuman la función de buscadores para darse cuenta del alcance de este problema.
En este sentido, me parece fundamental recapacitar sobre la teoría de Vilém Flusser. Hace más de una década el filósofo ha abordado la cuestión del creciente dominio del sistema discursivo en la sociedad telemática. “La falta de diálogo amenaza las fuentes de información y la sociedad corre el riesgo de caer en la entropía”. Según Flusser, la manera como los “gadgets” telemáticos están siendo empleados, “producen habladurías y palabrerías cósmicas vacías, una ola de imágenes técnicas banales, que están tapando definitivamente todas las lagunas entre las masas de usuarios del teclado”, cada vez más aisladas y dispersas.
Reconocemos fácilmente en ésta una de las estrategias del espectáculo. Si entendemos el ciberespacio como un fenómeno sociocultural y económico, y no simplemente técnico y mediático, entonces podemos valorar la magnitud de su potencial como medio dispersivo y entrópico, como “lugar” del espectáculo en la era postindustrial. El gran desafío para los artistas está justamente en la investigación del lenguaje propio del medio, que permita explorar el potencial creativo de los sistemas telemáticos sin caer en la mera especulación del fenómeno tecnodigital.
Claudia Giannetti es Directora de MECAD\Media Centre d’Art i Disseny y de Arte Electrónico en la Escola Superior de Disseny ESDI (Sabadell) l Extracto de "La cultura on-line", publicado en La Factoría, setiembre de 2000, Nº12.

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